Pulso Fugaz - Galería Taller Emilio Vaisse

Pulso Fugaz - Galería Taller Emilio Vaisse

Galería Taller Emilio Vaisse
24 Noviembre 2017 al 15 Diciembre 2017

Puedes visitar la exposición hasta el próximo viernes 15 de diciembre en Emlio Vaisse 561.

Lunes a Viernes de 14 a 20 hrs.

Miércoles cerrado - Sábado de 11 a 14 hrs.

PULSO FUGAZ, o la vida que late detrás de toda posibilidad

 

“A menudo me parece que la noche es mucho más viva y de colorido más rico que el día”

Vincent Van Gogh

“Nada es para siempre salvo el cambio constante”

Buda

Uno nunca sabe lo que las cosas realmente son. No a ciencia cierta al menos, ni en todos los instantes de la misma forma. “La cosa es incognoscible”, sostuvo Kant. Ni desde el punto de vista del conocimiento exclusivamente racional, ni menos desde la perspectiva de las emociones. Quizá porque precisamente el cambio constante es una ley que se aplica a personas y cosas, a sujetos y objetos, a todo lo que habita nuestro mundo por igual, lo que implica que toda categorización, que toda etiqueta fija que intentamos otorgar a la realidad para comprenderla es transitoria, un vano gesto de apropiación, o como bien lo sugirió Foucault, una estrategia para ejercer el poder y la dominación. Algo que la actual física cuántica plantea también como la constatación de que siempre parece haber una determinación del observador hacia lo observado, una influencia invisible que permea la percepción tanto hacia afuera como hacia adentro. Por eso, quizá lo único que nos queda por hacer frente a la increíble  multiplicidad de los fenómenos es una aproximación desde lo estético, que es también un intento por atrapar algo de su esencia, de su naturaleza, de su peculiaridad irrevocable, y dejarnos maravillar por ella. Hay que recordar que, precisamente, el origen mítico del dibujo y la pintura, para los griegos, implicaba un involucramiento particular de quien producía la obra: se situó en el gesto de la enamorada corintia por retener la silueta de su amado, proyectada por una vela sobre el muro de la habitación, antes de la partida de éste hacia tierras lejanas. En principio, entonces, el dibujo y la pintura constituyen un gesto de rebeldía frente a la fugacidad del instante, frente a la dictadura del tiempo. Y también una manera de aprehender la realidad desde el lugar específico que cada cual ocupa en ella.

    La muestra Pulso Fugaz, de Paloma Gómez, indaga sobre ésta y otras cuestiones a través de series que intentan abarcar diferentes aspectos de un tema. El recorrido se inicia con los Nocturnos, escenas en pequeño y mediano formato que instalan la problemática de representar luces en plena oscuridad (específicamente luz eléctrica), un ámbito de trabajo que surge recién en plena modernidad con la experiencia de la vida en la ciudad y la invención de la iluminación artificial (y la consecuente prolongación de la vigilia diaria), y que se hace visible inicialmente en algunas obras de Van Gogh, Degas, Pisarro, Hopper, etc. La noche, que durante la época romántica aún presentaba un aura de misterio, intenta transformarse ahora en día por mano de la técnica. El paisaje se transforma, el mundo se llena de reflejos y colores fosforescentes, los objetos parecen exhibir su cara desconocida, el mundo de las sombras invade lo conocido y las imágenes se vuelven confusas, especialmente si son captadas al paso, en movimiento, tanto con el ojo como con el lente de una cámara (o de un celular). De hecho, es sólo a través de este último medio que podemos tomar conciencia de imágenes que somos incapaces de percibir naturalmente, a ojo desnudo, y fijarlas en la mente.

Este interés por rescatar lo efímero es una característica propia de la modernidad, un atributo de la belleza propia de esta época, acentuada durante casi doscientos años por las imágenes captadas por el medio fotográfico, que no hicieron sino ampliar y enriquecer el repertorio de lo que podemos entender por “legible”, “discernible” o “figurativo”. Nos hemos acostumbrado a leer la realidad a partir de la cámara y sus posibilidades, desde el cine al video y todas las variantes que vemos a través de internet y las redes sociales, (tal como lo hizo Occidente durante casi 500 años a través de las artes visuales tradicionales), incluyendo lo que a primera vista podemos entender como “errores” o “fallos” de una toma, como la “falta de pulso” o los movimientos involuntarios. Y digo a primera vista porque a priori no existe una manera “correcta” de ver, menos hoy en día, menos a partir de lo que el lente nos puede aportar, menos luego de toda una serie interminable de innovaciones en la imagen.  Paloma se sirve de todas estas posibilidades del registro fotográfico como referente para sus obras, interviniéndolas a voluntad.

En la serie de los “Movimientos” la pincelada está más suelta y el gesto más libre, en una disposición mucho más expresionista si se quiere, a pesar de que los procedimientos creativos de la artista son producto de un ejercicio meditado y constante donde las imágenes están trabajadas con paciencia y esmero (lo que pareciera contraponerse al carácter efímero de muchos de los fenómenos que inspiran los detalles de los cuadros), en las proximidades de lo que llamamos comúnmente “abstracción”. En esta serie se hace evidente una de las preocupaciones que subyacen a su trabajo, y que se planteó por primera vez a la tradición de la historia del arte en el contexto de las vanguardias heroicas: la relación entre pintura y música, que para Kandinsky constituía el argumento de la abstracción (es decir, la transmisión de posibles significados sin la sujeción descriptiva a la realidad, sino lisamente con la disposición libre de formas y colores, tal como la música lo hace por medio de las notas musicales) . Por eso, intercalado entre dos “movimientos” (“Movimiento VII” y “Movimiento II”) aparece el cuadro “Headphones III” (2014),  prácticamente una traducción espacial del efecto estéreo de los audífonos, una obra que alude precisamente a dicha relación, y que tematiza la necesidad de aislarse del ruido ambiente del transeúnte citadino. La figura humana, muy presente en la producción anterior de Paloma Gómez, así como el habitante de la ciudad contemporánea, ve su presencia diluida en el fárrago de elementos que saturan las grandes urbes.

Como cierre de la exposición, el díptico Binocular dispone dos dibujos en formato de “tondo”, que amplían la escala de algunas escenas similares que se observan al comienzo, en la serie Nocturnos. Como se sostiene frecuentemente en el campo de las ciencias, a diferente escala cambian las propiedades. Y a ello no me refiero solamente con el mayor tamaño, sino también a la diferente materialidad, que en este caso es grafito sobre papel. “Dibujar es descubrir”, escribió John Berger, y Paloma revisita el motivo  con la curiosidad de la primera vez. Con esa actitud, nos permite acceder a nuevas texturas, nuevas luces, a una oscuridad plagada de matices que se superpone en capas de forma análoga a su pintura. Si bien los lentes binoculares permiten adquirir un conocimiento sobre los detalles de las cosas, aquí éstos pasan a segundo plano, así como el eventual carácter voyeurista implicado en dicho gesto. La imagen de una ciudad vista a cierta distancia en ambos dibujos, de forma complementaria, con figuras difusas, pero que sin embargo bullen de vida, que sugieren un flujo constante como el achurado del lápiz sobre el soporte.

¿Cuál es el tema de la obra de Paloma Gómez? ¿La pintura y su lenguaje? ¿La captación y la belleza de lo fugaz? ¿La lucha, o más bien el diálogo, de la luz y la oscuridad en el contexto de la ciudad (como se observa en su serie de los Nocturnos y los Movimientos)? ¿La relación de la música y la pintura? ¿El significado que podemos otorgarle hoy a conceptos como “figurativo” y “abstracto”? ¿El cómo nuestra forma de ver se ha ido modelando con la tecnología que utilizamos cotidianamente para captar imágenes? Todas estas preguntas están en la órbita de su obra, las que en conjunto forman un caleidoscopio infinito al igual que las luces y los fenómenos que contemplamos desde nuestra individualidad.




Luis Felipe Cortés

Licenciado en Artes c/m Teoría e Historia del Arte

Universidad de Chile