Retratos del tiempo

Retratos del tiempo

Arquitécnica Ruzafa. Sala Expo
15 Diciembre 2012 al 30 Enero 2013

Exposición individual
Arquitécnica Ruzafa. Sala Expo
lunes a viernes de 12 a 14 y de 18 a 20 h.
C/ Puerto Rico 28. Ruzafa. Valencia


Introspecciones lúdicas
texto de Raimundo Díaz

El arte es un acto lúdico. Por más recurrentes y universales que sean los temas y las maneras de asumirlos, el artista no se limita a recrear, interpretar o cuestionar. En ese ámbito de encuentros y desencuentros, va dejando un rastro, una huella que revela la personalidad del artista, la postura ante la vida, la dimensión ética y estética, la percepción de un mundo real u onírico. Todo un entramado de subjetividades. Pueden ser disimiles los propósitos y los hallazgos expresivos; pero lo cierto es que el resultado final nunca concluye tras última pincelada. Luego, todo queda en manos del espectador. El artista se halla entonces frente a un espejo donde los otros pueden  verse reflejados o no. Es el convite permanente entre arte y su público. Un juego de libres interpretaciones.

En este acto lúdico todo se relativiza. Lo que es alegre puede ser agónico, lo que es sensual, grotesco; lo que es real, termina siendo absurdo: lo sacramental, agnóstico; lo natural, atrófico. Nada es tácito ni absoluto. Porque lo que esta en juego es la subjetividad.

Paloma Gómez, artista chilena, centra su obra plástica en la figura humana. Sus piezas –unas veces, a manera de collage fotográfico que combina sutilmente lo figurativo y lo abstracto- desmigajan perfiles humanos. Torsos, rostros, expresiones, miradas, poses ¿A dónde nos conducen? ¿Qué podemos intuir de esta singularidad que se adentra en los territorios del diálogo, la comunicación interpersonal, la apariencia física, el subconsciente, el erotismo, la sensualidad? ¿El conflicto que emana de lo meramente visible y lo subyacente? ¿Un diálogo con nosotros mismos? ¿Una mirada interior? Paloma psicoanaliza al sujeto -o sujetos- del presente, en su cotidianidad, en su conflicto existencial, en su ámbito más íntimo. Qué le preocupa y ocupa. Cómo socializa su ideario, su actitud ante la vida. Cómo lo exógeno -invisible a la vista por demás- se sobrelleva como una pesada carga, por momentos asfixiante.

En la sociedad moderna, el hombre o la mujer, están siendo secuestrados por una permanente fragmentación de su individualidad. Ese discurso de universalidad que nos trajo la globalización, nos sumerge irremisiblemente en un universo segmentado -hasta perverso- de conocimientos, que por su amplitud son inabarcables, intangibles, y las más de las veces superficiales. Así, nuestro comportamiento oscila entre lo absurdo y lo coherente. Indiferentes ante lo cercano, próximos con lo distante. Inopia por saturación. Si por un lado se diluyen las fronteras, por otro se remarcan.

La prisa, la ansiedad, el infortunio, la alegría, la tristeza, el amor, la pasión. Paloma parece cuestionar qué es lo real, ¿lo que vivimos o lo que imaginamos? ¿lo que pretendemos ser o lo que somos? Articula un retablo de personajes en tránsito constante de dudas. Tales interrogantes nos dejan quizá una gran ventaja: la capacidad de imaginar e imaginarnos. La pintora remarca ese solitario espacio de libertad para la introspección. Toda una experimentación de fugas temporales. Asumir plena consciencia del estado del ser y del estar. Tiempo y espacio como alijo de una circunstancia migrante, dentro de la cual es posible la ida y el retorno, la fuga y el encierro, la evasión y la permanencia. Este autodescubrimiento puede estar condenado al infinito.

Como expresa Paloma: “La sensación de movimiento sigue provocándonos un comienzo y un fin a pesar de que estamos supeditados a un presente perpetuo. Como seres humanos tenemos la posibilidad de vivir un ayer con la memoria y de soñar un futuro con la imaginación, es así que ser y estar se vuelve complejo para nosotros... Nuestra presencia es subjetiva cuando el tiempo pasado o imaginario ocupan sitio en nuestro presente”.

La obra de Paloma Gómez no ofrece respuestas. No sería éste un buen propósito, porque la respuesta está en nosotros mismos, en la exploración del “yo”, en las transgresiones que permite la intimidad y la imaginación, sobre la base de nuestra propia experiencia de vida.


Artículo de David Casas en el blog  de arte va la cosa